La pieza que aquí concluye posee autonomía y respiración propia. Sin embargo, su estructura está integrada en un ecosistema mayor: la Obra Múltiple. Esta organización literaria se compone de cien unidades independientes que funcionan como un archipiélago.
El dispositivo permite un tránsito no lineal y aleja cualquier intento de imponer un orden jerárquico. Cada unidad actúa como un embajador de la totalidad, permitiendo la libre navegación, el abandono o la simultaneidad de lecturas.
Una nueva narrativa irá emergiendo del tránsito por este territorio. Es la vitalidad de los vínculos entre las piezas la que permite que 100 veces escribir se revele no como un contenedor, sino como una entidad orgánica que se manifiesta en la persistencia del recorrido.